Parque Central de Mendoza
1º Premio

CULTURAL | INSTITUCIONAL

Mendoza, Argentina, 2006
Autores: Daniel Becker, Claudio Ferrari (BF:), Oscar Fuentes
Destino: Parque público, centro de exposiciones, confiteria, infraestructura urbana.
Superficie: 13,6ha
Estado: Construido
Premios: 1º Premio , Concurso Nacional de Anteproyectos.
Fotógrafo: Alejandro Grinberg

Arq. Andrés Francesconi, Arq. Luciano Gastaldo, Casaprima, Mariela; Arq. Craig, Federico; Arq. Eiroa, Pablo; Arq. Leguia, Elena; Arq. Mindan, Pedro; Arq. Moujan, Juan; Arq. Peralta, Jorge; Arq. Tazedjian, Carolina; Del Gizzo, Marcelo; Gastaldo, Jose Maria; Gonzalez, Maria Celia; Guillen Vaschetti, Lorena; Ibañez, Mariana; Marco, Gisella; Ozuna, Martin; Peirano, Juan Ignacio; Perna, Soledad; Petrosini, Luciano; Reichler, Natalia; Seligra, Maria Eugenia; Zolowski, Mariana. Paisajismo: Ing. Agrónoma, Caratozzolo, Marcela Diseño grafico: Estudio Garcia Balza- Estudio Carrere Dobal Computación grafica: Arq. Garay, Santiago; Arq. Yarade Saravia, Lourdes; Garrone, Máximo Teoría: Arq. Graciela Silvestri Instalaciones sanitarias: Ing. Blanco, Julio Estructuras: Triaxis S.R.L. Ing. Berri, Alejandro

Implantado sobre antiguas tierras ferroviarias, el parque central logra recuperar este espacio abandonado, mejorando la calidad de vida de 120.000 habitantes.

Además de introducir la naturaleza dentro de la ciudad, una de las premisas del proyecto fue la de rescatar los valores positivos que el vacío y la ausencia tenían en el sitio, entendidos como vocación de uso libre. El parque es concebido como un espacio público abierto a la multiplicidad de actividades deportivas y culturales, que extienden el sentido de recreación y contemplación de la naturaleza y al encuentro social que ofrece la vida en la ciudad.

Los trazados incorporan la geometría del Ferrocarril, como dato topográfico y simbólico y los puentes peatonales lo integran a los galpones que serán reciclados para actividades culturales y centro de conferencias. El parque potencia además la rehabilitación del tejido circundante, predominantemente residencial, considerando su borde como un elemento que valoriza el entorno inmediato.

Los más de 1.200 árboles plantados dan lugar a diversos itinerarios y recorridos que generan experiencias cambiantes y situaciones en las que intervienen visiones largas y cortas, sonidos, distinta intensidad de luz, reflejos de agua, colores y luz nocturna. La explanada del reloj permite la realización de exposiciones, talleres recreativos, cine, danza y fiestas conmemorativas al aire libre. La relación entre el verde y el agua, trabajosamente lograda, contribuye a transformar este espacio en un verdadero oasis en la ciudad.